Hay una metáfora de los budistas que habla de que nos imaginemos que todos los seres del mundo son iluminados, y de hecho, han venido para representar una obra de teatro para nosotros.
Es una metáfora muy bonita, y bastante clara de como funciona el mundo de las relaciones. Y es que, cada una de las personas que están en nuestra vida está allí por alguna razón.
Están mostrándonos una faceta nuestra que desconocíamos. Cada uno tiene un mensaje para nosotros.
De pronto relacionándonos con alguien, nos salen los celos, o las heridas que ni nosotros sabíamos que teníamos.
O viene que alguien nos ama de verdad y sin reservas, y de pronto nos activa nuestros patrones de miedo al amor. Pero no al amor de pareja, si no al Amor, en mayúscula. El que no nos juzga, ni siquiera se enfada hagamos lo que hagamos. Una mor tan grande que va a estar allí, hagamos lo que hagamos, o sintamos como os sintamos.
No tenemos que amar lo que las personas «nos» hacen, ni siquiera su comportamiento.
De hecho el ejercicio a hacer, cuando tenemos una situación así es cambiar el mensajero. Viene tu amigo, te dice algo y tu te sulfuras: ¡¿Cómo él me puede decir algo así?!
El ejercicio es que cambies el actor. Pon a George Clooney, si te gusta más. No importa quien sea el actor. Simplemente cámbialo y obvialo.
Esta persona te ha venido a decir algo. Y este algo que te viene a decir, no tiene nada que ver con lo que dice, ni lo que hace, ni con él mismo.
El mensaje es lo que te hace sentir.
Esta persona me ha hecho sentir …… Pon aquí lo que quieras. Si lo sientes y te molesta, es por que hay una herida que está deseando ser curada. Y esta persona te lo ha recordado. Nada más.
Hay una frase muy buena que «no mates al mensajero». Pues de pronto, todos los que tenemos alrededor se convierten en mensajeros de un mensaje para nosotros. Nos muestran algo y debemos ser lo suficientemente observadores para saber qué nos quieren decir, y qué podemos «aprender» de ellos.
Y pongo expresamente «aprendemos» entre comillas, porque realmente sólo vienen a recordarnos Quienes Realmente Somos.
De pronto nos vemos implicados en relaciones que no sabemos por qué continuamos allí. Sabemos que estamos con personas que no queremos estar. O situaciones que no queremos vivir. Lo tenemos claro pero una y otra vez estamos enganchados a esa persona, a esa situación o simplemente, nos las vamos encontrando en nuesra vida.
Estamos con una pareja que es de una manera y la dejamos. No soportamos su comportamiento y decidimos cambiarla. Y resulta que llega otra persona, que no lo parece, pero que vuelve a ser como la que acabamos de dejar, o peor. Y de pronto nos culpabilizamos. «Vas de Guate-mala, a Guate-peor», nos decimos. O cosas peores, como que somos tontos, o que nunca aprenderemos, o que no sabemos elegir, o cosas peores.
No nos confundamos. Hemos elegido perfectamente.
Vamos a encontrarnos en nuestra vida personas que son «iguales» hasta que nosotros sanemos nuestras heridas. ¡Qué gran acto de amor que hacen!
Pero realmente, no tiene nada que ver con ellos. Somos nosotros.
De la misma manera, nuestra manera de hacer va a despertar heridas en las otras personas. Y van a decir que «les hacemos» …. Pon lo que quieras.
No nos tenemos que defender de eso, de lo que nos digan. Simplemente escucha tu sentir. ¿Te ha afectado algo que esta persona te diga eso? Si es así, es el momento de sanar tu herida.
Y la magia de la vida hace que, una vez hayas sanado la herida, no van a haber más mensajeros. O van a cambiar ellos, o cambiarás tu.
Sea lo que sea, te aseguro que no te va a afectar más.
¡Cómo ha cambiado el cuento!