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Hay una parte nuestra que se dedica a nuestra supervivencia. Esta parte es la que nos pone trabas cada vez que queremos hacer un cambio de verdad en nosotros.
El cuerpo se acostumbra a hacer las cosas de una determinada manera. Nos habituamos a una manera de pensar y de reaccionar. Sabemos cómo vamos a comportarnos y cómo vamos a estar en cualquier situación.
¿Por qué?
Porque una vez lo hicimos y nos funcionó. Según esta parte en nosotros, salir bien significa, continuamos vivos.
Genéticamente estamos programados así, puesto que todos vivíamos en una cueva, y el que clamaba el cambio y salía a fuera, se le comían.
Así pues nuestro instinto de supervivencia nos conduce no hacer grandes cambios, a querer continuar igual.
Muchos de estos programas ya no son útiles, peor nuestro cuerpo aún no se ha adaptado a la evolución. Es sencillo, si en los últimos 200 años ha cambiado nuestra manear de vivir, frente a los miles que el cuerpo lleva aprendiendo… es lógico que aún no se termine de creer que esta situación permanecerá.
Cuando queremos empezar una dieta, justo nos invitan a una boda, o un cumpleaños.
Cuando queremos empezar a correr, justo ese día llueve, o hace demasiado viento.
Cuando queremos empezar a ser paz, nos topamos con aquellos que nos sacan de quicio, o un policía nos quiere saludar el coche.
Cuando queremos empezar a meditar, los obreros se ponen a perforar tu calle, o los vecinos a taladrar las paredes.
Todos estos retos, que de alguna manera parecen externos a nosotros, en la sopa cuántica que vivimos están relacionados. Forman parte de nosotros y de nuestro propio mundo.
Sólo hay que vencer esos obstáculos, normalmente tres veces, para enseñarnos a nosotros mismos que de verdad queremos hacer eso. Que no importa lo que suceda a nuestro alrededor, queremos esos cambios en nuestra vida.
A la que hemos superado nuestras barreras, de pronto, todo empieza a ser favorable. E incluso aparecen las situaciones «externas» que son más sencillas.
Y ya casi nunca llueve cuando vamos a correr, y los vecinos desaparecen al meditar.
Así que a los cambios, persistencia.
Vamos a elegir quienes queremos ser.
[…] (relacionado con Nuestras resistencias disfrazadas) En el anterior entrada, hablábamos de las resistencias externas, de los cambios de la maneras de comportarnos. […]
[…] con las resistencias externas y las […]