Ya es popularmente conocido la ley de la atracción, o también conocido como «Lo que piensas, lo creas». Así que para no atraer algo que no queremos, algunas veces impulsado por el miedo a repetir la misma historia, queremos pensar algo distinto.
En el siguiente paso de la ley de la atracción, ya paro los más eruditos, se dice, «Lo que vibras lo atraes». Esta afirmación en sí, es bastante más acertada, pero a mi sentir, le añade una componente abstracta que no termina, en mi, de darle una base sólida. Un sustento dónde me pueda ser útil en mi día a día.
De pronto, la decimos y nos la creemos, y funciona. Y una y otra vez se me repite en la mente: ¿cómo se vibra en algo?
Cuando hablamos de vibrar, me estoy refiriendo a lo que te hace sentir, a lo que te mueve y lo que te impulsa. A esas ideas que te ponen los pelos de punta cuando las pronuncias o que te transportan a un estado de felicidad y expansión cuando piensas en ellas.
Lo que me hace vibrar son mis emociones. Es así de simple. (etimología: e-movere. Significado: «Mover») Lo que nos mueve, lo que nos saca de nuestro estado habitual
Son aquellas ideas y emociones que consideramos como verdaderas con las que atraemos aquello que queremos en la vida. Tanto si esa idea o sensación es verdad o no; tanto si tiene dónde fundamentarse o no.
Si la crees, eso es lo que vas a «vibrar». Eso es lo que va a llegar a ti.
Normalmente estas sensaciones son aprendidas y adquiridas de nuestros cuidadores y padres. Con quienes hemos jugado y pasado tiempo, y nos han repetido una y otra vez las mismas frases; y no sólo las frases, si no, las mismas respuestas emocionales
Aprendemos de las respuestas emocionales que tenían nuestros cuidadores hacía cada situación. Más allá de las palabras y de qué hacer. Era mucho más importante cómo reaccionaban que las palabras que decían. Y los repetimos sin darnos cuenta, pues son las reacciones automáticas.
Ya es el momento de estar atentos a nuestras reacciones emocionales.
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