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(relacionado con Nuestras resistencias disfrazadas)
En el anterior entrada, hablábamos de las resistencias externas, de los cambios de la maneras de comportarnos.
Cuando los cambios que queremos hacer toman un matiz interno, la cosa se «complica».
Ya no hay unos vecinos taladrando las paredes o lluvia que no nos deja salir, pero no por eso dejamos de resistirnos a nosotros mismos.
El instinto de supervivencia te continúa chillando «si siempre te ha funcionado así, ¿para qué cambiar?»; si nos lo dijera claramente estaría yendo en contra de nosotros mismos. Puesto que nuestra parte consciente sabe que queremos hacer un cambio en nosotros, así que no puede ser explícita.
Para convencernos de no hacer esos cambios en nosotros, nos lo presenta de otra manera. Unas trampas que nosotros aceptamos sin más, pero que son trampas, finalmente.
La más común es la falta de tiempo.
De pronto, todo se confabula para que no tengamos ningún tipo de tiempo material para poder hacer aquello que deseamos.
Aunque es una trampa, si lo analizas, ves que tienes muchos «entretiempos» en los que no haces nada. Que estás esperando, o estás viendo la tele, o estás esperando a que hiervan el agua de los macarrones.
El tiempo existe, pero se pone un velo delante para tener la sensación de que no tenemos. Para tener una excusa para continuar igual.
El caso es darnos cuenta de las mentiras que nos decimos y que aceptamos, por que nos parecen «lógicas».
Y la otra también muy común, se disfraza de pereza.
Normalmente detrás de una pereza, hay motivos de querer continuar igual. De no querer cambiar y de no querer hacer aquello que sabemos que nos va mejor.
De pronto, sabemos que tenemos que hacer, pero nos resistimos. Por un lado ansiamos el cambio, y por el otro lado queremos continuar igual
Al igual es mido porque no sabes dónde te va a llevar la nueva manera de ser y comportarte. Al igual vas a perder tus marcos de referencia. O peor, ya no vas a tener excusas para no hacer lo que quieres. Todas estas
Algunas maneras de combatir nuestra «pereza» (miedo al cambio) puede ser buscar algún amigo/a que nos ayude. Ya sea quedando con nosotros y haciendo la misma actividad. De esta manera, aunque nos de pereza, como que hemos quedado con esa persona, lo hacemos.
Otra manera es «competir» y compartir los avances con alguien. Vamos a estar viendo quien está trabajando más para poder continuar marcándonos el ritmo nosotros mismos. No a todo el mundo les irá bien esta manera.
Y otra manera de combatirla es diciéndonos a nosotros mismos «Hoy voy a hacer …», y no irnos a dormir hasta que no lo hagamos.
Seguro que por youtube vamos a encontrar más maneras de combatir la pereza, pero estas son efectivas para iniciar los cambios internos y lograr ser quienes queremos ser.
¡A andar!
Resuena pereza y tiempo… Jajajaja <3
Lo escribí pensando en ti… ya hace tiempo… xDDD
Me he dado cuenta, parecia mio…. jajaaja veo q tmb tuyo hace ya tiempo!