
Imagen de madlyinloveforever.com
El amor es nuestra vía de evolución. No siempre estoy hablando de un amor romántico; puede ser del amor que tienes con tus amigos, o con la familia.
También es cierto, que por intensidad, normalmente es el romántico. El vínculo que une es mucho más fuerte y por tanto mucho más transformador.
Es por el amor que tenemos hacia alguien que deseamos con todas nuestras fuerzas ser mejores en nuestra vida. Cambiar y vivir de otra manera. Es el amor el que nos impulsa los cambios más profundos, o que nos impulsa a andar y a empezarnos a mirar.
Queremos impresionar a alguien y queremos sentirnos bien. Si no fuera por ese amor que sientes a esa persona, no lo harías.
Llevamos años queriendo ser más pacientes o enfadarnos menos, y es por el amor a alguien, o a nuestros propios hijos que empezamos a cambiar. Nuestra manera de pensar, de sentir o de comportarnos.
Porque de repente, no queremos herir a quien tenemos al lado y queremos sentirnos mejor.
Podemos pasar años con un comportamiento que desearíamos cambiar, pero no lo hacemos. Pero llega un amor y cambiamos radicalmente. Por que en ese momento tenemos un por qué.
Ya no importa lo que hemos vivido, ni lo que hemos experimentado. Queremos ser más auténticos con nosotros mismos y con la otra persona. Queremos «ser mejores».
La clave siempre ha estado en nosotros, pero hemos necesitado a otra persona para activarla.
O personas que son frías, o completamente reacias a los sentimientos, a expresarse o a vivir desde el sentir. Y por el amor que sienten hacia otra persona, cambian. O porque esa persona necesita más muestras de afecto para sentirse amada, cambiamos.
El amor nos impulsa a ser mejores y a cambiar.
Aunque llega un día, en que te das cuenta de algo. Empezaste a ser mejor por alguien, te empezaste a fijar en tus estructuras mentales y emocionales para no herir a las personas de tu alrededor, porque las amabas. Y años más tarde, continúas andando. Al igual están a tu lado, o al igual ya no. Pero ya no importa.
La verdadera magia está en que continúas andando. Pero ya no andas por ellas. Si no, por ti.