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Vivimos creyendo en que existe una meta, en la que nos vamos a sentir realizados, más felices y mejor. Cuando consigamos esa meta seremos más ……….. o tendremos más tiempo o dedicaremos ese dinero a hacer ese viaje…
Luchamos por ello tan duramente que, a veces, nos olvidamos de lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Vamos andando, hacia adelante, obcecados, como un caballo.
Vivimos para conseguir ese sueño, y con nuestra intención y esfuerzo lo conseguimos. Lo tenemos y llega el momento de vivirlo. Y de repente nos damos cuenta que la meta no existe. Que ahora que hemos conseguido eso en nuestra vida, hay más cosas que queremos.
Claro que somos «más felices» por que hemos conseguido aquello que deseábamos. Pero no nos llena. Esa felicidad es efímera. O no nos ha llenado tanto como nos parecía. Hay más cosas por conseguir y más allá.
La manera en que realmente vamos a empezar a disfrutar las metas, es precisamente dejar al lado las metas. Como en las relaciones sexuales, la meta no es la culminación. La meta es la propia relación. Por el placer de experimentar y sentir.
Pues nuestra meta, no es el destino ni el objetivo. Nuestra meta es el camino en si. ¿Hacia donde? Hacia donde quieras, eso no importa.
Disfruta cada paso y cada momento. En ellos te descubres y te experimentas. Te saboreas y te ves pensando y haciendo nuevas cosas. De pronto ya no estás siempre encasillado haciendo lo mismo. Te ves riéndote de ti mismo, por obsesionarte con el objetivo. Viendo que otra vez estás proyectando ser feliz más adelante. Cuando, si no eres feliz ahora, no lo serás más tarde.
Es ahora el momento de pararte y mirar alrededor. Dónde están tus pies y cual va a ser el siguiente paso. ¿Está el camino lleno de barro? Pues salta y diviértete al menos.
Pues realmente, esa meta, no es nada más que un escalón a la siguiente.
Ya lo decía Kavalis:
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.[…]
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Que al final llegues, o no, eso, ya no importa.