Hace tiempo se puso de moda el positivismo. La finalidad de éste era ver el mundo con otros ojos. Vibrar otras cosas y atraer aquello que deseábamos en la vida.
El positivismo, pero, no es exactamente como se ha entendido. Normalmente el paso hacia esta manera de ver las cosas, pasa por obviar nuestras sensaciones y nuestras emociones.
Cuando hablamos de positivismo, hablamos de que, de todas las posibilidades de cómo puede ser desarrollada una situación o concluir algo, mentalmente apoyamos la mejor. E incluso, si no vemos una resolución buena, vamos a imaginarla; o al menos, no apoyar las que no nos gustan.
En este proceso, vamos a tener que enfrentarnos con nosotros mismos. Con todas las respuestas automáticas que nos dicen que esto no puede ser así; que ese desenlace nunca funciona o que no puede existir.
Es entonces cuando realmente conectamos con nosotros y nuestro sentir. Debemos, pues, conectarnos con nuestras emociones de verdad, y lo que de verdad sentimos, para poder cambiar aquello que no queremos y elegir hacia dónde nos queremos dirigir.
El positivismo, el pensamiento positivo, no se trata de ignorar nuestro sentir y nuestras emociones. Nunca ha tratado de esto. No se trata de ignorarnos y mentirnos.
Se trata de escuchar nuestro sentir, ver qué sentimos y por qué. Y a partir de ahí, elegir qué queremos sentir y vivir. Para atraer al caballo ganador que nosotros deseemos. La situación cambiará o no, pero la viviremos de otra manera y eso es lo que realmente importa.
Ver qué pensamos y sentimos, a partir de la aceptación de lo que estás sintiendo, elegir otra cosa.
Cuando recibimos un estímulo o una situación, la inercia te hace decir unas cosas, pensar y sentir. Son las reacciones emocionales automáticas lo que de verdad hacen que atraigamos finalmente un tipo de situaciones u otras.
Imagínate que haces un bien a alguien y cuando quiere agradecértelo, le dices que no. Que no te lo agradezca, ni con dinero, ni con un acto hecho de corazón. Porque nuestros cuidadores nos enseñaron (emocionalmente a que recibir era algo no bueno, de lo que no te podías sentir orgulloso de ello. Entonces, por un lado, la energía que tenía esa persona para darte, no la vas a recibir, y va a haber alguien que la va a recibir por ti. Pero por otro lado, la vibración que realmente atraes es que no quieres recibir nada, porque no te sientes cómodo emocionalmente con esa situación. Ya sea por los juicios o por el malestar que sientes, la realidad está en que no te sientes cómodo. Y por ello, vas a «atraer» situaciones en que no vas a recibir nada.
Aunque mentalmente te rebeles contra ello, la emoción que vinculas a la situación es lo que define qué vas a atraer y cómo.
Así que: ¿con qué vas a emocionarte?