Tendemos a catalogar lo que nos sucede como bueno o malo. Lo que vivimos y lo que nos cuentan. Tenemos la suficiente moral para poderlo juzgar.
Aprendemos una serie de valores, adquiridos directamente de nuestros cuidadores; estructurados, que nos dan el marco dónde podemos desarrollar nuestra vida. Cómo pensar y cómo actuar. Sabemos quienes queremos ser en referencia a los valores que hemos aprendido. Y hemos hecho nuestros.
Como dijo Albert Einstein: El sentido común es la colección de prejuicios adquiridos hasta los 18 años.
Luego empezamos a vivir y vemos que esta colección de límites, no es tan absoluta como nos habíamos pensado.
Nos encontramos en que no hay un bueno y un malo supremo que podamos juzgar y podamos estar siempre inamovibles y seguros.
Los límites y el sentido común se empieza a expandir, tan pronto empiezas a expandir tu mundo. Y si te queda alguno de los que creas fijo y perenne, te sugiero que viajes.
Tan pronto llegas a un país nuevo, si te quedaba alguna estructura, desaparece. Y más si viajas a países de culturas opuestas a la nuestra.
Los valores de lo bueno y lo malo que hemos hecho nuestros, de pronto se empiezan a desvanecer.
Dando paso a una relatividad de todos los valores. No hay unos valores absolutos. Cada situación tiene sus valores, cada momento tiene unos valores distintos. Y no los puedes extrapolar entre ellos.
El sentir dónde estás y con quien es lo que te va a dar la guía de qué tienes que hacer. Dónde está el límite de lo bueno y lo malo en ese momento.
En referencia a ti, permítete cuestionar todo lo que has aprendido que se tiene que hacer de una determinada manera. Preguntarte por qué de cada cosa, por ínfima y minúscula que sea. Tambalea los fundamentos de lo que crees de sentido común y cuestiona su veracidad.
La guía de saber Realmente qué es Bueno y qué es Malo, sólo es si sabes a dónde vas.
Ten claro hacia donde vas y a partir de ahí, vas a poder saber si te apoya a ir allí o no. Y en ese punto, puedes juzgar de bueno o malo, pero sólo relativamente a ese momento. Y muy posiblemente, esos valores van a cambiar a la que te dirijas a otro punto.
Incluso tomar 5 vasos de tequila es bueno, si tu objetivo es emborracharte, o experimentar un lavado gástrico.
Si no tienes ningún objetivo, entonces, no importa. Me recuerda al un fragmento del quinto capítulo de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll:
– ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí? – preguntó Alicia
– Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar – respondió el gato
– No me importa mucho el sitio
– Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes – concluyó el gato
Entonces: ¿donde vas, Alicia?
Yo siempre he pensado q uno nace, con un millon de ideas absurdas, impuestas por la flia, la RELIGION y la Sociedad, q no permiten al SER, DESARROLLARSE , plenamente….Y hacer lo q le encantaria HACER. …