En estas entradas, al igual que en todo el blog, hablamos mucho sobre lo masculino y lo femenino, pero queremos dejar claras las cosas respecto a esto.
En ningún momento estamos hablando del sexo físico. Son convenciones mentales, en vez de usar masculino y femenino, podríamos haber usado sol y luna, o Yang y Yin.
Y obviamente tampoco, cuando se habla de aumentar la energía masculina, se trata de convertirse en un «machista» o «feminista».
Cuando usamos estos términos, estamos tratando sobre los roles que cada uno toma en una situación o relación, sin estar vinculado a su sexualidad.
Esto funciona automáticamente, como un imán. Cuando dos personas se encuentran, uno toma un polo del imán y la otra persona el otro. Estos polos no son estáticos, ni tampoco puros al 100%.
Pueden cambiar, en cada situación, con cada persona que te relaciones y en cada momento.
Al ser seres «complejos» vamos a tener unos aspectos muy «masculinos» y otros aspectos muy «femeninos» aparentemente opuestos. Y estamos formado por ambas energías.
Normalmente nos acostumbramos a usar un determinado rol con cada persona, pero desde luego, se pueden cambiar.
Nos organizamos así, para entendernos y funcionar en este mundo, pues si hay 2 personas guiando un coche, no se sabe bien qué pasará e incluso es peligroso. Siempre hay uno que conduce y el otro que ayuda/inspira para que ambos lleguen lo mejor posible a su destino.
Así hablamos de una manera de comportarse «masculina», yang, al rol que guía, que dirige y elije la dirección.
El símbolo es un láser. Apunta y va directo a ello. Sin él no habría dirección, ni qué hacer.
Sería la energía del «líder» que sabe dónde hay que ir y cómo. Es quien tiene las ideas claras, se expresa de manera concreta y concisa. Es más racional y lógico, así como una capacidad deductiva importante, por tanto, sabrá encontrar los caminos más cortos para llegar allí donde quiere.
Tiene en cuenta y valora lo que otros le dicen, pero no por ello, cambia su rumbo, pues sabe cuando es algo que se desvía demasiado de sus propios objetivos.
De este rol depende el éxito de lo que se está haciendo y de que no haya frustración.
Es inspirado por la energía femenina, y su desafío de es guiar, mientras guía, ver y valorar nuevos caminos, aunque cambien completamente el rumbo. Aún cuando vas a un sitio y toda la mente se concentra a ese punto, abrir el campo de visión para ver con el rabillo del ojo, el resto del camino; tanto de manera literal, como figurada.
Por otro lado, e igualmente muy importante, el rol «femenino», yin es una energía mucho más abierta y amorosa.
El símbolo sería una luz diáfana. Alumbra a todo y sin ella no hay contexto.
El rol femenino nutre (con su amor y su luz) al masculino. Al ser intuitiva ayuda a ver nuevas metas y a inspirar a nuevos objetivos a la energía masculina. Ésta da un sentido y una razón de ser a la energía masculina, que sin ella, podría verse obcecado y con un rumbo fijo, pero a la deriva.
El desafío de este rol es el confiar, abrirse y dejarse llevar. Sabemos que muchas veces las personas de este rol han sufrido por los «masculinos» pero aún así, debe de confiar de que se va al mejor sitio. Y siempre, como pasajera del viaje, puede decidir, bajarse y continuar el viaje en otra dirección.
Todos tenemos todo. Somos completos.
Somos naranja enteras.