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Vas viviendo la vida y cada vez eres más consciente de tu manera de ser, de comportarte. No lo que hemos elegido con nuestro comportamiento, si no, lo que traemos ya de serie, que nos fue dado por nuestros cuidadores, por las emociones que ellos sentían hacia las situaciones.
Nos hemos encarado al mundo de una determinada manera, lo hemos observado y vivido a través de un cristal que ha alterado nuestra visión y nuestro sentir del mismo.
Si sentíamos que la gente no nos valoraba, hemos estado «buscando» esta falta de valoración fuera. Entonces cualquier situación que pudiese interpretarse de 1000 maneras, nosotros escogeríamos la manera en que nos sentiríamos «no valorados». O rechazados, o juzgados, etc. Aquí lo podéis substituir con cada una de las sensaciones de los demás hacia uno mismo.
Entonces, después de mucho andar sobre nosotros mismos, logramos ver ese patrón en que estamos buscando a la gente que no nos valore, y de pronto, todo se desmonta. Lo que estábamos viendo por un prisma, se rompe. Y se abre. Se abre a todo el abanico de posibilidades. De pronto, un repaso las mismas situaciones y como ya no hay ese prisma, lo que siempre habíamos visto de una manera, ya no es así. Aunque lo hubiésemos vivido en algún momento de nuestra vida, ya no forma parte de nosotros.
Ya dejamos de buscar esa «no aprobación» de los demás hacia nosotros. Porque sabemos que el rango de lo que sucede es mucho más grande. Y miremos por el prisma que miremos, encontraremos algo que nos lo respalde.
Y, entonces se produce la magia, porque llega un momento en que te das cuenta de tus patrones, de tus estructuras mentales y de tu manera de comportarte; y de pronto, tienes que reescribir tu vida.
No como un acto físico de escribir. Simplemente has vivido de una determinada manera, sintiendo de una determinada manera. Y todo ello estaba estaba condicionado por tu manera de pensar y sentir. Por tu manera de interpretar tu realidad.
Allí, hay algo en nosotros que cambia. Se expande nuestra consciencia y de pronto vemos algo nuestro. Algo que siempre hemos hecho y hemos sentido. Desde las raíces más profundas de nuestro comportamiento. Y al darnos cuenta de esto, tenemos que reescribir nuestra historia.
Volvemos a releer nuestra vida y vemos que no era exactamente como la habíamos vivido ni sentido. De pronto los personajes que estuvieron en nuestra vida no fueron exactamente como nos los imaginamos, o ni siquiera sus comportamientos fueron tan fuertes como nos creíamos.
Al ampliar nuestra conciencia es necesario pasar por las relecturas de nuestra vida, estas nos aportarán más consciencia de lo que hemos vivido. De lo que somos, y dónde estamos.
Y esa es la magia del la i/realidad que vivimos