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Ayer éramos otras personas. Sentíamos distinto y vivimos con lo que sabíamos en ese momento.
Aprendimos qué nos estaba contando la vida y qué es lo que queríamos. Gestionamos nuestras emociones y nos liberamos de lo que ya no queríamos más en nuestra vida. Y todo esto pasó ayer.
Ni el personaje que fuimos ayer lo somos hoy. Ni ellos, ni yo mismo.
Y en ese momento, es cuando tienes que abrirte y ver la persona que tienes al lado cada día. ¿Quién eres?
¿Quién tienes a tu lado? Ver qué te hace sentir.
Hay que ser valiente de tirar todo lo que sabías de ti y de los demás.
Deja de definirte con lo que «siempre» hacías. Con tus rutinas. «Cada día cuando me levanto me tomo un café, si no, no soy persona». Deja de identificarte con lo que haces.
¿Qué sientes que quieres hacer cuando te levantas hoy? ¿qué quieres desayunar? (Ya sabemos que siempre desayunas unas tostadas, pero, ¿qué te apetece hoy? Siente que, al igual, hoy no te apetecen).
Ya no son aquello que viste tu un día. Ni tu tampoco. Tienes que actualizar aquello que piensas de ellos, y donde te piensas que están. Donde, con razón, sentiste que estaban cuando los conociste; o incluso ayer.
Ayer se interpretaron personajes; y por Amores Espejos. Pasó por el amor que os tenías. Ambos. Fue el personaje con el que aprendistéis. No sólo por un lado del binomio, sino ambos. Los personajes interpretados forman parte de la historia de ambos.
Nada más importante. Nada más trascendente.
Por más que digas que no quieres estar allí, si se te está reflejando esto en tu vida, aún hay algo en ti. Ponte de culo y patalea, que esto no es tuyo. Acéptalo e integra esta situación. No hay culpables. ¿Te duele? Gestión emocional. No hace falta matar al mensajero.
Y todo esto pasó ayer.
Hoy eres otro.
Esos personajes que interpretastéis juntos, ya no existen. Sólo elige si hoy quieres interpretarlos otra vez. Si la respuesta es que no; cambia tu personaje. No hace falta cambiar al mensajero… o sí..
Así que se valiente y mira a tu alrededor. Los personajes cambian si tu cambias.
Así que no importa qué pasó ayer, ni quienes fuimos. Qué vivimos ni que hicimos. Sólo importa quien soy en este momento.
Nada más, ni nada menos.
Al igual, la historia ayer era una.
Y seguro que hoy es otra.