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Humanamente nos quedamos atascados en algunas áreas.
En esos momentos, levantamos la vista al cielo y pedimos mensajes que nos ayuden a entender qué necesitamos y cómo salir de ahí.
O cuando ya crees en ti, sólo te dices a ti mismo: «a ver, muchacho, estoy encallado aquí. ¿Cómo salgo?»
Así, sin rituales ni ceremonias mágicas.
Natural como la vida misma.
Es normal pedir ayuda y de hecho es muy sano. Y, ¿cómo llegan esos mensajes?
Lo que se había hecho hasta ahora era ir a un sitio de mensajes «certificados».
Un mensaje «certificados» típico es aquel que lo obtienes en una canalización, o de un vidente o tarotisa, o medios similares
Aunque en el momento que vivimos, los mensajes ya no necesitan llegar por esos caminos. Tú puedes obtener las respuestas que necesitas.
Lo único que no vas a ver ángeles que te digan las respuestas, o si. Los efectos especiales, a veces, son más sencillos.
Los mensajes llegan de manera muy diversas. Has pedido ayuda y te llega, y aunque a veces no es el canal que te gustaría; la respuesta tiene la misma validez.
Te puede llegar como una intuición, un mensaje claro directamente a tu cabeza. La objeción que le encontramos a veces a este mensaje es que, de siempre lo sabíamos, y por tanto, puede parecernos que nos lo estamos inventando.
Sea como sea, es verdad. Nosotros sabemos las preguntas y las respuestas, así que hacer aquello que ya sabes, es lo que te va a dar la solución.
Otras veces el mensaje viene por vías más inverosímiles y más divertidas. Puede ser una película, una música, una canción, un anuncio de la tele, o un trozo de conversación que escuchas de otra persona por la calle.
Estás creando que te venga la solución, no tienes que especificar cómo.
Así que aunque te venga por canales menos «certificados», el mensaje es bueno.
Y otras veces los mensajeros por los que recibimos el mensaje corrompen internamente nuestras estructuras y nos revelamos contra ellos.
A veces nos viene una persona que nos «cae mal» (que choca con nuestra manera de hacer), o que mirando su vida, no te puede dar ningún consejo, porque la tiene hecha un desastre; y nos da la respuesta, entre medio de una conversación. O te dice algo, te remueve y te quedas enfadado.
Esos mensajes son los menos fáciles de aceptar, pues tienes que obviar el mensajero, por más costoso que nos parezca, y escuchar verdaderamente el mensaje. Qué nos remueve en nosotros y por qué.
Puede que lo que haya dicho se mentira en nuestra manera de ver la vida, pero incluso así, vas a poder sacar alguna comprensión nueva. No dejes que tu historia personal con esa persona, se entrometa en la recepción del mensaje, sólo por tener personalidades distintas. Sé más listo que tú mismo y tus maneras de actuar automáticas.
Y ese es el mensaje, aunque no haya sido por un medio fácil para ti.
Como que el universo es muy grande, y las posibilidades de vida también,
los «mensajeros» pueden ser muy diversos. Desde una intuición que recibes mirando una planta, en una puesta de sol. O al despertarte, o simplemente observando el comportamiento de tu mascota. Los caminos son infinitos.
¿Cómo vas a saber si el mensaje es bueno?
Da igual si viene por un canal «certificado» o no. Siempre estate atento. No aceptes el mensaje así porque sí; porque confías plenamente en el mensajero; eso te desempodera. Y nadie externo a ti tiene Tu verdad.
Y ya no funciona así.
No hay autoridades más listas que tú.
Así que filtra el mensaje. Venga de donde venga.
Cuando recibas un mensaje de verdad lo vas a sentir dentro. Va a haber algo en tí que va a hacer: «CLIN».
Que te va a resonar, que se te va a mover. Una voz dentro que te va a gritar: ¡es eso!.
Aunque después entre en juego la cabeza, suelta el control y acepta el mensaje. No mates al mensajero.
Hay que ser valiente para seguir lo que el mensaje te dice.
¿Estás preparado?