Ya cuando en el mundo «espiritual» se usan las frases positivas, muchas veces se hace referencia al merecimiento.
Yo merezco abundancia. Yo merezco amor.
Hablar de merecer forma parte de una estructura antigua. Puesto que si usas el merecimiento, continúas en la dualidad.
Puedes merecer; sí. Pero también puedes «no merecer».
continúa no siendo otra cosa que un juicio a ti. ¿Es que debes portarte bien para «merecer abundancia»? ¿Quien lo juzga?
O ¿cuánto karma debes «quemar» para merecerte algo?
Suena a la versión más avanzada de los reyes magos. Llevo cinco vidas portándome bien, así que finalmente ya me merezco ser feliz en esta.
Si usas la palabra merecer, ya hay una posibilidad que bajo otros ojos, el universo, o cualquiera, te diga que «no te lo mereces».
No tenemos que ganarnos nada. No tenemos que «ser buenos» para ganarnos la vida. O para merecernos ser felices.
Vamos mucho más allá en la creación. Vamos mucho más allá en el universo.
Somos grandiosos. Somos hijos polvo estelar, en una roca viajado a miles de kilómetros sobre una roca en mitad de la nada. Y lo más asombroso, es que no es casualidad.
Así que da un paso más allá. No es que «merezcas» o «no merezcas». Si no que deseas «eso» en tu vida.
Estás de acuerdo con la idea de tenerlo. No necesitas ningún motivo. Ni necesitas expiar tus pecados, ni karma.
Simplemente, por que eres Hijo del Universo. Hijo de Dios. ¿o eres Dios mismo?
Gracias, Adonay
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